• Recuerdos del futuro: febrero 2026

    domingo, febrero 08, 2026

     

    Out of balance.

    And It´s terrible for me to say to you

    and it´s terrible for you to say to me

    And It´s terrible for me to say...

    Autocensura. ¿Qué implica esa palabra?

    Realmente quiero pensar que es un concepto que implica básicamente un objetivo.

    Búsqueda del equilibrio.

    Como en una partida de ajedrez, replegar fuerzas para no perder la jugada próxima.

    Como seres humanos tenemos una capacidad de juicio que es necesaria y requerida. Una medida de la justicia. ¿Qué es justo? ¿Qué es injusto? Capacidad de ponernos limites. No porque los límites sean opresivos sino para no caer en el abismo. Pensad que debajo del todo, el suelo es lava y vivimos rodeados de abismos.

    Hay gente que no sabe poner limites, y cuando los rebasa cae en el abismo de la critica ajena, de la proyección en el otro de los propios defectos. De ese modo, juzgan sin arrepentimiento, se suben a púlpitos de miseria, desde donde pontifican sin enfrentar realmente el problema propio, sin resolver el conflicto ajeno. Siento compasión por ellos, porque hasta que punto no he sido o soy a veces uno de ellos. Es un riesgo que tenemos cuando en vez de amar al prójimo, elegimos juzgarlo, condenarlo y ajusticiarlo. 

    Cargando vigas propias en hombros ajenos. Crucificando a otros en nuestra propia cruz.

    En el fondo somos todos un poquito miserables cuando hacemos esto. Y creo que madurez es reconocerlo antes de que sea demasiado tarde.

    Ponernos excusas constantemente es un acto no de inocencia, sino de inmadurez.

    De autocomplacencia casi reptiliana, como la serpiente que se adapta ensanchando sus múltiples costillas para devorar a su presa.

    Autocensura, si no es impuesta por temor o por coacción, por supuesto. En ese caso también hay que vigilar que extremos nos llevan a ello. Si podemos enfrentarlos, si podemos rebelarnos, si podemos parar esas fuerzas contrarias, porque en ningún caso estamos obligados a callar ante leyes injustas, y a no defendernos de un ataque a nosotros mismos y a los que amamos y de los que somos responsables.

    Por eso, no estoy hablando de esta autocensura impuesta por el miedo, la crítica o incluso la protección de la integridad física.

    Es de la integridad espiritual, de uno mismo y para el otro.

    En la autohipnosis de Instagram, por ejemplo. 

    Esta mañana he tenido que autocensurarme, dos veces.

    La primera, porque en vez de compartir un pensamiento hermoso, he compartido un pensamiento demasiado banal y obvio. 

    Una imagen (de alguien que amo interpretando un personaje en una película maravillosa que he visto recientemente y que me ha conmovido hasta los cimientos) encendiéndose un cigarrillo y la canción de "Light my fire" de los Doors. Es algo que una IA poco entrenada hubiera hecho igual. Qué original, verdad?

    La segunda, una foto que, aunque es un instante de una película, para mi contiene un sentimiento muy intimo y profundo. Esa imagen existía antes de llegar a tomar la forma y el rostro amado, como la pureza más clara, el ideal más absoluto, y ya va a ir siempre asociada a ese sentimiento para mi. Y la canción de "Burning desire" de Lana del Rey de fondo; solo el inicio. Es una canción, como muchas de Lana del Rey, casi cinematográfica que inicia con violines acompañados de suaves jadeos y después comienza  a cantar...

    Every Saturday night I get dressed up to ride for you, baby

    Cruising down the street on Hollywood and Vine for you, baby

    I drive fast, wind in my hair, push it to the limits 'cause I just don't care

    You ask me where I've been?

    I been everywhere

    I don't wanna be no where but here (Come on tell me boy)

    I've got a burning desire for you, baby

    La frase en negrita, como un mensaje encapsulado secretamente en esa canción, perfectamente acorde a esa imagen, que como digo, es íntima y conmovedora, para mi.

    He visto imágenes más perturbadoras y otras escenas ( educada en el mundo de espejos de la pantalla plateada como las últimas generaciónes), pero la gran diferencia, y la gran responsabilidad es que ésta la había compartido yo. Y me he dado cuenta que no era adecuado. Que no era correcto, que faltaba el jodido equilibrio. Que se estaba quebrando el suelo y la lava iba a surgir de un modo implacable. Y que yo era responsable de ello. Hipnotizada otra vez, sometida a un juego de espejos.

    Something do with me cause nothing into with you. 

    Nunca he sido buena haciendo equilibrios, corriendo con tijeras, ni vistiendo de blanco.

    Pero ahora entiendo el sentido de mantenerse en  equilibrio, de no romper el balance si está en mi mano, si alcanza mi voluntad. De la seriedad del compromiso que he adquirido, voluntaria y conscientemente.

    Por eso he tomado la decisión de conseguir algo que parece imposible y que en el pasado era muy común.

    Un camisón blanco.

    El color blanco en Oriente significa duelo, luto. pero también un sentido de trascendencia y pureza. De eternidad. Blancas son las vestiduras de aquellos que las lavaron en la sangre del Cordero, según Juan escribió en el apocalipsis.

    Estoy barajando mudarme a Éfeso, con Pablo, con María, con Juan también.

    Y hablar de otro Juan, el del desierto.

    No sé si tendré tiempo pero me comprometo, sí, a mantener, aunque sea difícil, el equilibrio esta vez.


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